Hace unas semanas hablamos de una serie de aspectos de las naves logísticas en las que se apreciaba una evidente evolución a lo largo de los años como el uso, el tamaño, la ubicación o la innovación aplicada en su proyección y construcción.
En este artículo, queremos hablar de otros aspectos igualmente relevantes que también han ido modificando sus valores a lo largo del tiempo: los intereses de los compradores, usuarios, promotores e impulsores de naves logísticas.
Desde los últimos 25 años…
Durante los últimos 25 años, el mercado inmologístico en la Península Ibérica ha evolucionado no solo a nivel cuantitativo, creciendo de manera exponencial, sobre todo, en la última década por el boom del comercio electrónico, sino que también ha vivido una evolución cualitativa de los criterios deseables en los proyectos que buscan los clientes.
Hemos visto cómo se ha pasado de priorizar las parcelas de suelo por los metros de edificabilidad a darle mayor importancia a otro tipo de aspectos con los que se valora una plataforma logística hoy en día.
En esos primeros años, lo único que buscaban las empresas eran inmuebles para almacenar, naves industriales en polígonos que proliferaban en las vías de entrada de las grandes ciudades, donde, muchas veces, las naves se levantaban en áreas sin urbanizar, sin redes separadas ni acometidas aéreas. Zonas donde los promotores, los propietarios y los técnicos que redactaban los proyectos sólo veían que cuantos más muelles de carga ponían, menos edificabilidad aprovechaban.
Era el comienzo de siglo y ya se vislumbraba una potente actividad inversora en la inmologística, con proyectos punteros que buscaban desarrollar parques enteros dedicados a la logística basados en los criterios de eficiencia y seguridad. A ellos se sumó pronto la sostenibilidad.
Retomando la cuestión de la eficacia y eficiencia, en los últimos años, los operadores logísticos han apostado en mayor medida por las ratios que por los metros de edificabilidad o por la superficie bruta alquilable, otra característica que en estos 25 años ha tenido mucho peso en el valor de los proyectos.
Sin embargo, como decimos, hoy nos encontramos con un demandante muy especializado que prioriza cuestiones como las ratios de muelles de carga, por ejemplo, aspectos mucho más técnicos que inciden de manera determinante en la optimización del espacio y en la eficiencia y eficacia de la actividad logística que se va a desarrollar en las naves.
En ese sentido, no podemos obviar el entorno plenamente digitalizado en el que se desarrolla hoy en día la actividad logística y del que no escapan tampoco los inmuebles que la albergan. Esto conlleva priorizar aspectos como la automatización que permiten optimizar la trazabilidad de los productos y tomar mejores decisiones, más precisas y con mayor antelación. Una automatización que también se explota para conseguir edificios con una huella de carbono muy inferior, redundando en la sostenibilidad medioambiental del sector.